Los Banu Jattab, una importante estirpe murciana (personajes reales de “Mursiyya; el talismán del Yemení”)

Uno de los personajes que se pasean por las páginas de «Mursiyya – El talismán del Yemení» (la novela sobre la fundación de Murcia editada por ediciones Dokusou) es Muhammad ben Marwan ben Jattab, un ilustre ciudadano de la cora de Tudmir (sureste de la península ibérica) del siglo IX d.C. descendiente de los Banu Jattab, que habría viajado con sus hijos Jattab y Amira a lo que hoy conocemos como Túnez, a estudiar un texto jurídico islámico (la mudawwana de Sahnun). Pero antes de hablar de él os hablaré de los Banu Jattab, acompañando los textos con ilustraciones cortesía de Francisco Miñano  Pellicer.

Los Banu Jattab
Los Banu Jattab (hijos de Jattab) fue una de las familias más importantes de Tudmir durante siglos. Para entender la importancia de este linaje debemos hablar en primer lugar de Abdalyabbar ben Jattab ben Marwan ben Nadir, que también aparece en “Mursiyya, el talismán del Yemení”, no tanto como personaje sino como referencia, ya que los protagonistas al hablar de algunos de sus vecinos recuerdan a este antepasado de los mismos.
“Según me contó Abdul (…) antes de la muerte de Teodomiro, señor de esta cora (…), éste entregó su hija al jefe sirio del yund de Misr, Abdalyabbar ben Jattab ben Marwan ben Nadir, para que la desposara. Era un modo de asegurar la continuidad del pacto por el que esta provincia mantenía su independencia administrativa y religiosa en paz. Siendo el antepasado de aquella muchacha, por tanto, uno de los más ricos del sureste peninsular, su fortuna fue heredándose a través de las líneas de descendencia de la hija del aristócrata Teodomiro” (Mursiyya – El talismán del Yemení, p. 241-242).
Como se explica en la cita anterior, Abdelyabbar ben Jattab ben Marwan ben Nadir fue un importante jefe militar de los sirios que se instalaron en el sureste de España durante el comienzo de la dominación musulmana y formó familia con los más importantes cristianos de la zona, convirtiéndose al menos en yerno del entonces señor de Orihuela, Teodomiro, al casarse con su hija.
Este Abdelyabbar, que vivió en el siglo VIII d.C., tenía mucho dinero y poder. Tanto que se cuenta que ayudó a Atanahildo (sucesor de Teodomiro, personajes cristianos ambos y de los que hablaremos en uno de los próximos artículos) a pagar una multa de tres veces nueve mil monedas de oro. Dicha cantidad, por ser desorbitada, era difícil de asumir incluso para una persona de alta posición como Atanahildo, por lo que este requirió la ayuda del primero (que probablemente sería, además, su cuñado, aunque los historiadores no se ponen de acuerdo en esto) que se la prestó. Un individuo poderoso, sin duda. Y respecto a lo que pasó con ese dinero, no desvelaré nada aquí, y remito al lector a “Mursiyya – El talismán del Yemení”.
Muhammad ben Marwan ben Jattab
El poder y riqueza de Abdelyabbar eran tan amplios que perduraron durante siglos (y quién sabe si aún hoy día habrá descendientes de este linaje repartidos por el mundo, e incluso en Murcia y España con apellidos castellanizados y/o modificados).
Entre sus descendientes habitó la región de Murcia en la primera mitad del siglo IX d.C., época en la que se ambienta la trama principal de la novela, un tal Muhammad ben Marwan ben Jattab. Es por ello que este individuo se convierte en uno de los personajes de “Mursiyya” acompañando en alguna escena al protagonista de la misma.
“-Si contribuyes a que dichos cultivos obtengan el agua que necesitan -continuó como si no me hubiese oído o como si quisiera confirmarme que sí, que yo le parecía tonto. Puesto que aquel descendiente de los Banu Jattab había estudiado con Sahnun, todos en Tudmir le tenían por un gran entendido en la materia, y no me convenía enfrentarme a él, a pesar de lo mal que me caía. Supongo que otra de las razones por las que nunca lo tragué era que estaba emparentado, aunque fuese lejanamente, con Kareemah, la esposa de Salman, el hijo de la retorcida Segulah y de (…) Yusef-, esas limosnas pasarán a ser activos tuyos que podrás utliizar en el día de tu muerte (…)” (Mursiyya – El talismán del Yemení, p. 551-552).
El tal Muhammad, como apuntaba más arriba, visitó Oriente y el norte de África en el 837 d.C. Allí, acompañado de dos de sus hijos (Jattab y Amira) aprendió la Mudawwana, un texto jurídico fundamental para la doctrina malikí. Este importante libro lo estudió directamente de  Sahnun, uno de los grandes juristas musulmanes de la época (vivió aproximadamente entre los años 776 y el 854). El hecho de dominar este escrito convirtió a Muhammad en uno de los principales promotores del malikismo en al-Andalus y, sobre todo, en el sureste.
Y hasta aquí puedo “leer”. Te invito a descubrir más en “Mursiyya – El talismán del Yemení”
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