Eva – Arturo Pérez-Reverte (Reseña)

Eva

Arturo Pérez-Reverte

 RESEÑA

Pues ahí va mi crítica literaria al último libro (2017) de don Arturo Pérez-Reverte, con quien tuve el gusto de departir unos minutos y que me dedicase un ejemplar: Eva.

Debo confesar, como en tantas otras reseñas anteriores de diferentes obras y autores, mi predilección por el estilo ágil y atrevido de este hombre con la pluma. Siempre es bueno destacar este aspecto para que el lector de estas reseñas sepa con quién se está jugando los cuartos e, igual que he reseñado libros cuyos autores apenas conocía y lo he dicho, me siento en la obligación de especificar este punto aún con mayor ahínco cuando tengo un condicionante previo que puede influir en mi objetividad, como es el caso.

Bien, pues aclarado esto, entramos ya al trapo. En primer lugar cabría destacar que Eva es el segundo libro de una serie o saga, la de Falcó, un espía sin ninguna clase de miramientos que sobrevive como mejor saber en los años treinta y cuarenta del siglo XX: como contrabandista y agente de inteligencia. Un galán, un seductor, un entrañable canalla o, incluso, un Nezrani uld kaahba, lo que vendría a ser un cristiano hijo de puta. Muchos ya lo conoceréis de la primera entrega de la serie: “Falcó”. Y me temo que más de una feminista de las de ahora no va a estar muy contenta con algunas escenas ni con el lenguaje del autor al hablar de las “hembras” con las que se cruza el personaje. Pero eso no es culpa de don Arturo, ni mucho menos.

Bien, pues en Eva, Arturo Pérez-Reverte cruza con magistral ingenio el camino de este sujeto con el de Eva Neretva (por cierto, un río que pasa por Mostar es el Neretva cuyo  famoso puente, de gran valor histórico, conoceréis porque fue destruido en la guerra de los Balcanes que el autor cubrió como reportero en su momento y que, posteriormente, fue reconstruido ya en tiempos de paz. No me cabe la menor duda de que el escritor cartagenero pretende así, no solo homenajear de algún modo aquellos sucesos, sino representar algunas características de tan esplendida mujer como la retratada en esta obra, quizás su papel de puente, quizás también su destino, o quizás el papel de la vieja Yugoslavia en los principales conflictos bélicos de la Europa del siglo XX, quién sabe qué puede haber pasado por la cabeza de este hombre para bautizarla así).

Y sí, era importante aclarar esto, porque Eva Neretva supone, en realidad, la reaparición de una vieja conocida de Falcó, Eva Rengel (el alias usado por ella en la anterior obra, Luisa Gómez en esta), con la que compartió algo más que aventuras en la anterior entrega de la serie. Solo que en esta nueva obra será su principal enemiga (intento de estrangulamiento incluido). Fruto de la vida de espionaje en la que ambos se desenvuelven y la necesidad de pasar desapercibidos el cambio de nombre de la espía soviética cobra aquí todo su sentido y no necesita mayor justificación.

Falcó la observa de lejos y piensa de ella:

«Eva. La imagen vista a través de los prismáticos, en el puerto, seguía dando vueltas en su cabeza. Ella, desenvuelta, segura de sí, conversando con los hombres en el alerón del Mount Castle. Y aquella mirada dirigida hacia el lugar desde el que la espiaba. Un gesto penetrante, como motivado por la intuición o la certeza de que estaba cerca, observándola»

Por otro lado, don Arturo, tan amigo del mar y de los barcos nos sumerge en una aventura semi-marítima, esta vez de persecuciones entre buques republicanos y nacionales, con el objetivo de que Falcó recupere para el bando sublevado unas treinta toneladas de oro que viajan con destino a Rusia. ¿Os suena de algo lo del famoso “oro de Moscú”? Pues una pequeña parte de las más de quinientas toneladas de oro vendidas por la república viajaban en este mercante. Sin duda, Arturo se ha documentado (y bien) para escribir esta obra.

Falcó, para lograr su objetivo tendrá que enfrentarse a diferentes personajes, de entre los que sobresale por su carácter y personalidad Eva, otra superviviente como él, acérrima, eso sí, del bando comunista y una depredadora a la que no le tiembla el pulso para eliminar a quien trate de interponerse en su camino. Un personaje que no dejará indiferente a nadie.

Una escala en el puerto de Tánger convierte a esta ciudad en escenario principal (descrito a la perfección por el autor hasta lograr la plena inmersión del lector en la misma) de una trama sutil, tórrida en cierto modo (escenas de sexo incluidas, como no podía ser menos tratándose del canalla protagonista) y en la que el lector queda atrapado, no solo por la personalidad de Falcó o Eva, personajes tan al estilo de los gustos de Pérez-Reverte, sino también por la de los capitanes de los dos buques, el perseguido (lacónico como él solo) y el perseguidor, tan dignos y Arturianos (a la par que asturianos) como, precisamente por ello, apasionantes. Y sin faltarle, por supuesto, su diminuto pero imprescindible papel en la trama a la Pérfida Albión. ¡Me encanta!

El jefe de Lorenzo Falcó, el Almirante apodado el Jabalí, lo describe así:

«Uno de tus más perversos encantos, le había dicho en cierta ocasión el Almirante, consiste en que sabes escuchar como si lo que te dicen resultara decisivo para tu vida y tu futuro. Lo más importante del mundo. Y cuando al fin la víctima advierte el truco, es demasiado tarde, porque ya le has robado la cartera o dado un navajazo en la ingle. O, si es mujer, te has metido en su cama.»

Y él mismo, pensando en un destino como hipotético mártir lo descartaba con rotundidad, pues:

«Lo suyo era el juego considerado como fin, no como medio. Sin premio al terminar. Cierta clase de paraísos reservados a los héroes estaban vetados para él».

Y no puedo resistirme, para redondear el perfil de Falcó mediante citas del autor, a poner esta que termina de cerrar el círculo de su carácter:

«Para Falcó, peligro era una palabra con interesante sinónimos. Nada lo estimulaba tanto como sentirse inmerso en él, utilizando para sobrevivir las mejores facultades propias: carácter, instinto y adiestramiento. Nada tan satisfactorio, tan incitante, como que lo quisieran matar y no pudieran.»

A nivel técnico podría decir muchas cosas pero, sobre todo, quisiera destacar algo que aunque no me sorprende viniendo de quién viene sí que no deja de resultarme llamativo. Veréis, yo soy muy puñetero para detectar erratas y errores gramaticales, aunque aún habiéndolas casi siempre a montones no suela hablar de ello en las reseñas que hago (y aunque a mí mismo se me escape alguna que otra en mis propias obras) pero en este libro me ha sido prácticamente imposible detectar error lingüístico alguno -si acaso una mano de Fatma en vez de Fátima me suscita ciertas dudas en la página 205, o un zaca en la 218 cuyo sentido poco tiene que ver con el que le otorga la RAE, salvo que la intención del autor haya sido onomatopéyica, y esto último es lo más probable-, lo que demuestra la calidad del trabajo de revisión y corrección de la obra tanto por parte del propio autor como de la editorial. Impecable de verdad en lengua.

Como cabía esperar de don Arturo, esta obra no solo no te defraudará sino que te mantendrá enganchado pasando páginas, sin parar, una tras otra, hasta devorar, casi como se devoran y/o (esta indefinición entre y u o es totalmente intencional) se devorarían entre ellos los dos principales protagonistas de la misma. Y hasta ahí puedo leer, además de no poder hacer otra cosa más que recomendarla.

Hasta la próxima reseña, amigos lectores.

Ficha técnica:

Editorial: Alfaguara

ISBN: 978-84-204-1957-2

Edición: Primera edición

Formato: Papel

Género: Novela histórica, espionaje, aventuras.

Traducción: No procede

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