Todo lo que sucedió con Miranda Huff – Javier Castillo

Todo lo que sucedió con Miranda Huff

Javier Castillo

RESEÑA

“Un matrimonio es como un guión. Cada diálogo cuenta”.

Javier Castillo es uno de esos fenómenos editoriales que te sorprenden, que entran en tu vida lectora y la ponen patas arriba porque, cuando agarras sus textos, no puedes parar de leer. Lo descubrí, de hecho, por un compañero de trabajo que vino hablándome de él. Estaba maravillado con “El día que se perdió la cordura”, y me convenció de leerlo al poco de haber salido. No pudo hacer nada peor mi querido José Daniel, porque no he podido sustraerme de seguir la trayectoria de este autor. Aún no me había atrevido a reseñarlo en mi blog, tal vez por el respeto que imponen estos monstruos de las letras, pero “Todo lo que sucedió con Miranda Huff” me ha abocado, tras su lectura en cuestión de un par de días, a dedicarle un hueco en mi modesta página web.

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Con un estilo fluido y atractivo, este malagueño te engancha rápidamente y te mete de lleno en su historia. En ella, un marido (Ryan) que acude al encuentro de su esposa (Miranda) en una apartada cabaña donde esperan solucionar sus diferencias conyugales, se encuentra con una desagradable sorpresa que, además de desesperarle, le obliga a enfrentarse a una situación tan inesperada como kafkiana. El autor alterna en primera persona las voces de ambos personajes para ir descubriéndonos, poco a poco, el misterio que rodea la extraña desaparición de Miranda Huff. Los dos protagonistas, con sus palabras y con la ayuda de alguna escena de película, sus flash back, otras voces en tercera persona (aunque estas no pertenezcan siempre a personas concretas en el momento de aparecer, y no digo más para no destripar la novela) y la del narrador (que hasta nos contará, en cierta ocasión, algo de un paquete que le llega a un periodista), irán retirando, de manera magistral, el velo que cubre el pasado y presente de este singular matrimonio mal orientado por un consejero de baratillo que, quizás, debería dedicarse a otra cosa. Y hasta ahí puedo leer.

“Y entonces lo vi.

Junto a un árbol, a dos casas de la nuestra, la silueta de una persona permanecía inmóvil, mirando en mi dirección. Un escalofrío me recorrió la nuca. Estuve a punto de llamar a Ryan, pero me di cuenta de que estaba tan borracho que no haría nada. Fijé la vista en ella, pero estaba tan oscuro, tan solo iluminada por la luz de la luna, que era imposible ver más allá de un borrón negro sobre la acera. Pensé que quizá no fuese una persona, sino tal vez un conjunto de sombras que coincidían con la forma de una persona, pero entonces hizo algo que me dejó helada. Alzó una mano en una especie de saludo”.

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La trama se desarrolla en California (EEUU), donde los protagonistas viven y se relacionan con la industria del cine y algunos de sus miembros. La crisis inmobiliaria mundial también queda representada a través de las inversiones fallidas del matrimonio Huff, que lo abocan, junto a otros factores, a una situación más que complicada en lo económico. Todo ello proporciona a la narración elementos ambientales que favorecen la inmersión ficcional y la credibilidad de los hechos narrados. Me gustó especialmente, además, el párrafo que cito a continuación (y lo que lo rodea), por el símil asociado y aplaudo el coraje del autor por escribir joyicas como esta:

“(…), durante una fiesta de celebración por el estreno de una de las películas del principal productor de James Black. Él insistió en que fuese para hacer contactos, pues sabía muy bien cómo funcionaba todo, y tal vez podría conocer en esa celebración a alguien que se interesara por alguno de mis guiones. Aquello estaría lleno de otros productores, directores, actrices y gentuza como yo. En aquella ocasión, Miranda me acompañó (…)”.

Se trata, además, de una novela escrita en clave femenina donde el papel de Miranda, la protagonista, denigrada a menudo por su marido, consiste en sobreponerse a todo el historial de desprecios y vejaciones para contar su verdad y vivir su propia libertad a todos los niveles. Hay mucho más que un thriller policíaco en estas páginas, algo que te sorprenderá tanto como te enganchará.

“Estuve un rato tratando de desmentir la bomba que acababa de soltar Zack frente a la inspectora. Yo no era ningún maltratador (…).

Invitaron al hermano de Miranda a salir de la sala para tomarle declaración en alguna otra parte, lejos de mí. Si a la inspectora le daba por creer su versión, todas las señales apuntarían en mi dirección. Su extraña desaparición en la cabaña, que yo fuese quien la había denunciado, mi inactividad mientras esperaba a la policía, mi infidelidad con Mandy…, joder…, casi me había olvidado de lo de Mandy. Suspiré. Estaba bien jodido.”

Luego está el misterio. No destripo nada si planteo estas cuestiones porque ya vienen implícitas buena parte de ellas, de por sí, en la contraportada del libro. Y es que hay muchas preguntas que van surgiendo según vas leyendo. ¿Qué ha pasado con Miranda? ¿Por qué Ryan se encuentra el baño con manchas de sangre cuando llega a la cabaña donde le esperaba su esposa? ¿De quién es el cuerpo sin vida que aparece cerca de la cabaña? ¿Qué papel juegan las amantes de Ryan en todo esto? ¿Y su amigo el director de cine? ¿Quién es la figura misteriosa que aparece, como personaje, en un momento dado de la trama? ¿Y la inspectora de policía (y su compañero) cuándo va a descubrir la puñetera verdad? Yo me hacía estas preguntas según leía, y las mismas me empujaban a leer y leer hasta el final, para cargarme el libro, finalmente, en un par de días mal contados.

“Ella siempre fue mucho más creativa que yo. Es más, las grandes ideas de mis guiones siempre habían surgido de su oscura e intrincada cabeza. Su mente era capaz de construir escenarios, tramas, subtramas y giros con tal facilidad, que nunca soporté su ritmo. Ella cogía una idea y la desarrollaba hasta el extremo en su mente, con los más mínimos detalles, pero nunca fue capaz de llevarla al papel con la estructura y el alma que precisaba para que llegasen a la gran pantalla. En cambio, yo había sido de pocas ideas, algo corto en creatividad, pero muy constante y sacrificado. Había sido capaz de pasar noches enteras sin dormir para encontrar la frase perfecta para un personaje. Sacrificio y constancia, lo que siempre había faltado en lo que escribía Miranda. Creo que nunca terminó ninguno de los guiones que empezó, y pienso que ese es uno de los motivos por los que me tenía tanto resentimiento. Antes, al principio de mi carrera, no era así. Me miraba con admiración, presumía de mí ante sus amigas. ¿Dónde se quedó la Miranda de la universidad? ¿Dónde se escondió?”.

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El detalle llamativo: no hay índice. No recuerdo si los anteriores libros de este autor lo tenían, pero me ha llamado la atención, porque tampoco recuerdo haber leído nunca un libro que no lo tuviera. Esto no le resta ningún valor al contenido. Al final, lo que importa es la historia que Javier nos cuenta y que, sin duda, nos atrapa hasta el final.

Una novela, por tanto, de lectura sencilla, amena, entretenida, que te hará disfrutar palabra a palabra y frase a frase. Para pasar un buen rato leyendo, sin duda, y por qué no, sufriendo un poquito, que ya dice el refrán que sarna con gusto no pica. A leer, ¿qué estáis esperando?

Ficha técnica:

Editorial: Suma de letras (Penguin Random House)

ISBN: 978-84-9129-218-0

Edición: Primera edición

Formato: Papel

Género: Novela negra, policíaca. Thriller.

Traducción: No procede

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