Repositorio del opositor

Lo celebró a lo grande. Se gastó lo que no está escrito invitando a familiares y allegados. Por eso su sorpresa fue mayúscula cuando abrió la puerta de su casa, aún resacoso, y se encontró el cañón de un revólver frente a su cara.

—¿Rubén Martínez? —Interrogó una voz femenina oculta tras el revólver.

—S… sí… Soy yo, pero…

El revólver se meneó frente a su cara al ritmo de unos chasquidos con la lengua de negación. La oscilación del arma le permitió atisbar una melena rubia y lacia.

—No digas nada, no lo hagas más difícil.

—Pero si no sé ni por qué…

—¡Silencio! —Gritó la misma voz de mujer mientras el cañón del revólver se apoyaba en su frente sudorosa—. ¡He estudiado mucho! ¡He quitado muchas horas a mi familia por sacar esa plaza! Para quedarme la dos mil treinta en la lista. ¡La dos mil treinta de dos mil veintinueve plazas! ¡Por una persona me he quedado sin plaza!

—Pero yo…

—¡Que te calles! Estuve buscando en Facebook por los nombres, algunos no los encontré y tú… Tú eres el primero que he podido localizar dónde vive gracias a Internet. Ha sido el azar. Lo siento mucho, pero yo me merecía esa plaza.

—Por favor…

El disparo retumbó por toda la escalera del edificio y el silencio que siguió a aquella detonación solo se vio enturbiado por el sonido de unos pasos azorados bajando los escalones a toda prisa.


 

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