Sergio Reyes Puerta

En estado de enamoramiento

Entro suspirando de amor en un bar de copas pasada la tan romántica hora de la medianoche. Ay, ahí hay mucha gente de todo tipo y entre esas personas espero encontrar a mi ser amado, pues me consta que suele frecuentar este idílico pub. Qué bonito es todo, qué bien huele aquí, la vida es maravillosa. Un momento. Me distrae un tipo con gafas de pasta, camisa de flores y patillas algo difusas, que discute en la barra con el camarero. Este otro, dado el estado de embriaguez de aquel, se niega a servirle más bebidas alcohólicas y el borracho rompe un vaso contra el mostrador, por lo que es expulsado del local por los controladores de acceso del mismo. Ante tanta injusta soledad y crueldad decido darme también a la bebida, sin dejar de suspirar y pensar en mi media naranja, cuya llegada espero con ansiedad en cualquier momento.

Al día siguiente, temprano, tras mi fracasada espera del amor que nunca apareció, y mientras aguardo palpitante el metro en Callao para ir a trabajar y, quizás, encontrar en algún lugar ese escurridizo objeto de mi deseo que invade mis sueños y anhelos, veo al mismo tipo de anoche durmiendo en un banco del andén. Pienso en mi ser amado y me pregunto por los motivos de su ausencia en el bar. Sufro imaginando que pudiera hallarse en semejante tesitura a la del beodo de ayer, que tiene en el suelo sus zapatos y en sus pies lleva unos calcetines agujereados por los que asoman ambos dedos gordos. Los demás procuran mantenerse alejados del tipo y murmuran sobre él, mas yo pienso que si viera así a mi amorcito se me partiría el alma y correría a regalarle abrazos, besos y mimitos hasta el infinito. Ay, cómo nos pone de idiotas el amor…

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

Resto de ejercicios pinchando aquí.

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