El vaso roto

Estoy en un bar de copas pasada la medianoche y veo entrar más y más personas. Hay mucha gente de todo tipo, pero yo estoy en las manos de un beodo. En la barra, el tipo que me sujeta con fuerza y que lleva gafas de pasta, camisa de flores y patillas algo difusas, discute con mi amigo el camarero, el que tantas veces me ha prestado a otros clientes y me ha fregado después con esmero y dedicación. Este buen amigo, dado el estado de embriaguez de mi actual arrendatario, se niega a servirle más bebidas alcohólicas y el borracho me rompe contra el mostrador, por lo que es expulsado del local por los controladores de acceso del mismo. Una parte de mí, la que aún puede contaros todo esto, sigue clavada en su mano sangrante mientras lo echan a la calle.

Al día siguiente, temprano, cuando la gente espera el metro en Callao para ir a trabajar, una pequeña parte de mí sigue clavada en la mano del mismo tipo, que duerme la mona en un banco del andén. En el suelo están sus zapatos y en sus pies luce (por decir algo) unos calcetines agujereados por los que asoman ambos dedos gordos. Los demás procuran mantenerse alejados del tipo y murmuran sobre él, pero nadie se preocupa de mí y me dejan olvidado en esa palma que, poco a poco, se va infectando…

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

Resto de ejercicios pinchando aquí.

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