Sergio Reyes Puerta
Portada de Cuatro amigos de David Trueba

Cuatro amigos – David Trueba

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Cuatro amigos

David Trueba

RESEÑA

NOTA: Esta reseña se publicó inicialmente en https://masticadores.com/resenas-libros/

—Puede ser que tengas razón —admití—, pero quien cree que tiene razón siempre se equivoca.

Por casualidad cayó el otro día en mis manos esta novela de 1999: Cuatro amigos de David Trueba. Y aunque esté un poco pasada de fecha (fijaos que de los cuatro personajes protagonistas sólo uno tenía móvil, imagino que porque esta obra se escribió incluso varios años antes de su publicación, pero también da una frescura interesante recordar los tiempos en que casi nada se solucionaba a golpe de teléfono) es una lectura agradable y divertida con la que pasar un buen rato. ¡Y se puede leer casi casi de un tirón!

Foto del autor de Cuatro amigos de David Trueba (De Mamen Diaz Diaz - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29725880)

Humor cínico a borbotones

Cuatro amigos de David Trueba es una novela que lees con una sonrisa la mayor parte del tiempo, sin que falten las ocasiones para reír y, también, aunque menos, para preocuparse por el destino de esos papanatas. Está escrita con buen ritmo, fluido y envolvente que te atrapa y te empuja hacia adelante con fuerza. Como su propio título indica, esta obra trata de cuatro personajes que se van de vacaciones —veinte mil leguas de viaje subnormal lo llaman los propios protagonistas, y no van muy desencaminados, la verdad— en una furgoneta de segunda mano que había sido propiedad de un quesero y que olía, naturalmente, como corresponde a semejante oficio. Os dejo un fragmento en el que se habla de la avería que sufren con dicho vehículo:

“Iba a decir algo, a contestar su visión simplista del mundo, de la amistad, de nuevo la mística mosqueteril de uno para todos y para nadie más, esa sospecha de que la boda de Robin Hood al final de la película acaba con la banda y devuelve la pobreza al pueblo, como si nadie tuviera derecho a buscar su propia felicidad y que le den mucho por el culo a los demás, le iba a hablar del cansancio que provoca prolongar la adolescencia más allá de donde resisten las convicciones adolescentes, le iba a decir que había crecido y tenía ganas de mandarlo todo a la mierda, pero que había descubierto que ya estaba en la mierda, le iba a contestar con estas cosas y muchas más, cuando la furgoneta comenzó a toser, a no obedecer las órdenes de mi pie cuando pisaba el acelerador, a avanzar a trompicones”.

Portada de Cuatro amigos de David Trueba

Reflexiones en Cuatro amigos de David Trueba

Según el protagonista (Solo, en clara referencia a Han Solo) va desgranando en primera persona las peripecias de estos cuatro locos, acompaña su discurso con reflexiones sobre la juventud, las relaciones paterno-filiales, el amor (ah, el amor, ese gran tema que tanta y tan buena literatura ha generado) y otros temas con una chispa y un desparpajo alegre y desenfadado que te invita a seguir leyendo y desvelar la filosofía de estos jóvenes de los noventa. Así, vamos descubriendo sus motivaciones, su desesperanza, sus frustraciones y sus peculiares relaciones de amistad, sus interacciones y sus miedos, incluso. Pero también vemos cómo se apoyan, se dan ánimo, se ayudan y, a veces, se putean entre ellos. Toda la historia, que gira en torno a ese largo viaje subnormal que los lleva por media España, nos resume un momento vital de una juventud desencantada que busca la felicidad en su sentimiento de pertenencia al grupo y en el sexo y el amor.

Otra cita del libro

“Emborracharse en grupo es un proceso lento y concertado de pérdida de conciencia, basado en uno de los principios básicos de la amistad: alguien habrá que te lleve a casa. En el fondo es una forma de sentimentalismo, pensar que no serás abandonado en el lodazal de tu propio vómito. En los grupos de amigos se suele proceder por un orden riguroso de emborrachamiento. El primero solía ser Blas, que se dejaba ir con absoluta confianza. El último Raúl, como si esperara a que no pudiéramos verlo en ese estado, pero cuando cedía, se dedicaba con rotundidad.

(…)

Salimos de allí con la idea de llegar al primer camping interesante y colocar la tienda de campaña. Necesitábamos dormir tranquilos, reposar después de la verbena. Claudio, con su dedo vendado como si fuera un modelo de alta costura, tal había sido la dedicación de la enfermera, cayó dormido en cuanto abandonamos el parking.  Raúl fue el único que se dignó darme conversación para que no se me cerraran los ojos. Estaba agobiado, como siempre, no lograba salir de ese estado, escindido entre ser una buena persona o disfrutar de su existencia, entre el ansia de libertad y su culpabilidad para con Elena. Era una versión exagerada y accidentada de cualquiera de nosotros. Me contaba que nadie es consciente del momento en que empieza a torcerse el camino trazado, hasta que se encuentra en un lugar en el que nunca quiso estar. Raúl me aseguraba que no existía la posibilidad de rectificación, que la vida era un tobogán que te arrastraba. Él se temía a sí mismo con más años, imaginaba que dentro de poco sería aún peor, que terminaría por reproducir la existencia tediosa de sus padres. Nos creemos únicos, me decía, pero somos iguales que los demás”.

Posmodernidad bien traída

Rozando, cuando no adentrándose en un estilo narrativo posmoderno, Cuatro amigos de David Trueba nos arrastra por entre las preocupaciones que desgarran el alma de la juventud de los noventa, los que ahora andamos metidos en la cuarentena, con un tono a veces irónico y hasta sarcástico y una frescura que roza lo desternillante. Los personajes están bien definidos, cada cual con una personalidad que los convierte en casi previsibles, con sus locuras, deseos e ilusiones; bichos con dos patas, en fin, que te enternecen, a veces por su ingenuidad, otras por su desventura y siempre por su forma de actuar. En fin, un buen análisis del ocaso del siglo XX y la generación que lo cerró.

“Supongo que la soledad me acompaña desde el día en que nací. Está ahí, agazapada, esperando a que todos desaparezcan para significarse, para recordarte que ella nunca te abandona. Mis padres han conseguido provocarme muy a menudo la sensación de estar solo, especialmente cuando estoy con ellos. Mi padre es crítico literario y mi madre crítico de arte. En el mismo periódico. Podría decirse que el estrecho sendero del prestigio cultural de este país atraviesa por mitad de nuestro salón, justo al lado de la mesita de café. Ese oficio, presumo que como cualquier otro oficio de unos padres, ha marcado su relación conmigo. Su acercamiento a mis cuadernos escolares, a mi forma de vestir, a mi manera de ser, a mi modo de cortar el pan en la mesa o cepillarme los dientes ha estado siempre deformado por su oficio. Mira, es mejor que lo hagas así. Son críticos. Disfrutan de la sutil inclinación a corregirte el modo, de una manera aséptica, profiláctica, pero siempre desde la paz espiritual que otorga el saberse en lo cierto. Me han permitido actuar de una manera libre, pero nunca han dejado de recordarme cuál era la manera correcta. El resultado es que poco a poco le fui cogiendo miedo a la vida, a la responsabilidad.

(…)

—No. Lo que creo es que nadie necesita una opinión más. El mundo está lleno de opiniones, todo el mundo tiene su mierda de opinión y además se empeña en que te enteres de ella. ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que las opiniones de los demás a nadie le importan un carajo? Incluso las opiniones propias. A mí me parece que mi opinión sólo tiene valor si me la reservo para mí y para mis amigos, como mucho. Antes sólo opinaban los sabios, ¿y ahora?, he oído un huevo de veces eso de «tengo derecho a expresar mi opinión», pues no, te la guardas para ti. Estoy de las opiniones y de los periódicos hasta los huevos. Basta ya, tener una opinión debería ser algo excepcional, algo pensado, estudiado, meditado…

(…)

Es curioso, la gente es capaz de cambiarse las tetas, la nariz, los labios, pero nunca se plantearían cambiar de cerebro. Es algo que podría mejorarse en casi todos, y sin embargo el cerebro nos mantiene engañados, nos hace creer que poseemos el mejor posible. Es un órgano sobrevalorado, sin ninguna duda”.

Foto de David Trueba en blanco y negro junto al mar

Lee Cuatro amigos de David Trueba

No lo dudes. Lee este libro. Aunque te haya hablado de posmodernidad, filosofía y reflexiones, no te asustes. Con Cuatro amigos de David Trueba te reirás un buen rato, te divertirás, te emocionarás y sentirás pena cuando se acabe porque te dejará con ganas de más. Una lectura interesante y descansada, que no requiere demasiado esfuerzo intelectual, pero que tampoco te dejará indiferente. Un río de agua fresca en el que zambullirse para recordar nuestra propia juventud, nuestro pasado más gamberro y cachondo. Espero que os guste. Hasta la próxima.

“En el fondo sonaba más sabio lo que un tirado en una taberna nos gritó un día: «Yo a mis amigos no les cuento mis penas; que los divierta su puta madre»”.

Ficha técnica de Cuatro amigos:

Editorial: Anagrama

ISBN: 978-84-339-1089-9

Formato: Papel

Género: Narrativa. Humor.

Traducción: No procede

NOTA: Primera foto de la reseña de Mamen Diaz Diaz – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29725880. El resto de fotos proceden de la web de Anagrama.

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