Portada de El mapa de un crimen, de Paco López Mengual

El mapa de un crimen de Paco López Mengual

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El mapa de un crimen

Paco López Mengual

RESEÑA

Paco López Mengual, miembro de la prestigiosa Orden del Meteorito, nos trae un mapa en forma de libro. O un libro en forma de mapa. En cualquier caso, es el mapa de un crimen que este autor molinense pergeña y ubica en la posguerra española de la segunda mitad del siglo XX.

Mercero de profesión, este escritor lleva décadas escuchando detrás del mostrador de su tienda, conociendo el alma humana desde los mismísimos latidos que le llegan a pie de calle. Y lo traslada con literaria eficacia a sus escritos, colaborando en medios de comunicación y escribiendo novelas y cuentos cautivadores. Como es el caso que nos atañe en esta ocasión.

Paco López Mengual, autor de El mapa de un crimen

Recientemente he tenido el gusto de leer «El mapa de un crimen» editado por Maeva, dentro de su colección Embolsillo. Y he disfrutado con el mapa que, efectivamente, de la mano de uno de los personajes del libro, va construyendo el autor. Vamos a diseccionarlo un poco, pero sin pasarnos, por aquello de no destriparos nada.

Aires de clásico

Como bien reza el título de este apartado, la formación y los conocimientos literarios de Paco López Mengual se detectan enseguida. Y es que el buen autor sabe jugar, a lo largo de la obra, con elementos habituales en la literaturaBanner vertical de El secreto de Zalamea clásica. Nos encontramos durante la lectura, por mencionar sólo algunos, con triángulos amorosos, así como con tragedias tan inevitables como inherentes al espíritu humano.

Y, con ingredientes como los descritos, Paco nos sumerge en una historia que os acabará sorprendiendo y a la que no le falta de nada. Por tener, tiene hasta su parte esotérica. Fijaos bien con qué prosa y qué bien escrito está este fragmento:

«Ese mismo día, la tía Fe, enajenada por la tragedia, se colocó un camisón celeste, enredó un rosario entre sus manos y se alojó en la cama. No la movieron del lecho hasta el Jueves Santo de 1947, cuando creyeron que estaba muerta. Durante trece meses permaneció con los ojos y la boca cerrados, sustentándose gracias al caldo de gallina vieja y a la leche de oveja que su hermana le embutía pacientemente con una cuchara. El fervor y los donativos con los que el pueblo había alabado a san Rogelio hasta entonces se trasladaron con creces a la camarera. La gente se arrodillaba y rezaba a los pies de su cama. Las paredes del cuarto, donde la mujer se consumía como el aceite de una candela, se fueron tapizando con retratos de enfermos y de difuntos. Algunos creyentes colgaban de las balaustradas de su cabezal mechones de cabellos para que fueran santificados; incluso llegaban gentes que restregaban décimos de lotería por la prenda azul, o clavaban un papel con el número adquirido para el sorteo junto a las fotografías que atestaban los tabiques. Aseguran que se produjeron algunas curaciones y que, a su muerte, cuando retiraron los clavos y chinchetas, quedó la silueta del rostro de Fe nítidamente perforada en la pared».

Trasuntos varios en El mapa de un crimen

Con algo que está escrito así, con esa magia y ese ritmo, ¿cómo no vas a acabar cautivado? Y sí, no se trata de una Banner vertical de Mursiyya El talismán del Yemenícasualidad, de una cita intencionadamente seleccionada. Estamos ante una obra tan cuidada y esmerada como podéis apreciar en el párrafo elegido anteriormente como ejemplo. 

Sigamos ahora con más elementos de El mapa de un crimen. Valiéndose de un recurso tan elegante como efectista, Paco nos traslada a pueblos de nombre inexistente: Onduño o Alnavas. Lugares inventados, a priori. Trasuntos, sin duda, de localidades reales, no sólo las que pasaran por la cabeza del autor, sino incluso otras que ni siquiera a él se le habría ocurrido y que guardan en su memoria historias similares a las descritas en las páginas de este libro. Historias que, a su vez, se podría afirmar que, en ciertos casos, son trasunto de las de nuestros padres y abuelos. Historias reales, sí, que sucedieron por doquier y que se esconden a la vez que se muestran en fragmentos como el que sigue a continuación, extraído de un diálogo de esta novela y que finaliza con una sabia reflexión:

«¿Sabes, García? Lo he pensado muchas veces: si el pueblo hubiese quedado en zona nacional cuando la guerra, habría sido yo el que hubiese aporreado tu puerta y abofeteado a tu madre después de comprobar que habías escapado por el huerto. Los que prendieron mecha al frenesí de nuestra generación fueron unos hijos de puta».

Una gozada de textos, como veis.

Mapas y cartas 

Ya lo había adelantado antes. Un personaje del libro, no el principal sino, más bien, un testigo (tan inocente como incómodo para algunos) va dibujando, en compañía de su perro, el mapa de lo acontecido. Un enternecedor notario de lo que va ocurriendo, siempre desde su ingenua perspectiva, que nos recuerda, por momentos, el verdadero valor de lo simple y lo sencillo. Y al que también acompaña, de algún modo, la tragedia.

Y luego está la combinación de géneros. El escritor hace aquí gala de su habilidad literaria intercalando entre la prosa, por ejemplo, el género epistolar. Cartas que llegan cuando menos te lo esperas y alimentan la trama y el alma de uno de los personajes. Y no puedo decir mucho más sobre esto. Mejor que descubráis lo que sucede con esa mensajería ya olvidada desde que existen los emails, los wasaps y demás inventos del… Me callo ya y os dejo un fragmento que nos devuelva a otra época más sencilla, más simple, pero igualmente, aunque de otro modo, peligrosa:

«Como cada domingo, Isabel Coy acudió a la misa principal. Se arrodilló en el banco de siempre, junto a la imagen de santa Lucía, que mostraba sus ojos sobre una bandeja de plata. Desde la guerra, y con tanto ojo cegado, era una de las mártires que más devoción concitaba entre los asiduos a la iglesia. Fue durante el rezo del credo —tan largo siempre, que da tiempo a pensar en mil asuntos—, cuando sintió una mirada clavársele en la nuca. Muy despacio, con sumo celo, volvió la vista atrás y descubrió los fulgurantes ojos de Matías el Garra fijos en ella. Al verse sorprendido, el barbero desvió la mirada hacia el altar mayor y se incorporó al rezo de la oración, disimulando con naturalidad la injerencia».

Portada de El mapa de un crimen, de Paco López Mengual

Resumiendo El mapa de un crimen

En El mapa de un crimen nos encontramos ante un puzzle cuidado y bien planteado. Paco López Mengual se esmera en mostrarnos los caminos seguidos por los diferentes personajes alrededor de ese crimen poco misterioso (al perpetrarse en público) del que nos habla. Y nos muestra esa España provinciana de posguerra, de los años 50, trayéndonos recuerdos de tiempos no sé si mejores (lo dudo), pero sí diferentes. Se trata, pues, de una lectura que os cautivará. Y, por otro lado, una lectura que os sabrá a poco, dado que el libro es pequeño, pero ya se sabe: lo bueno si breve…

Mi enhorabuena al autor por esta historia tan bien trenzada y mi consejo a quienes seguís mis reseñas: ¡a comprarlo y a leerlo! ¡Pero ya!

Ficha técnica:

Editorial: Maeva – Embolsillo

ISBN: 978-84-16087-31-0

Edición: 2016 en Embolsillo

Formato: Papel

Género: Novela negra, narrativa.

Traducción: No procede

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