La aristócrata

Entro en uno de esos antros de mala muerte al que no nos queda más remedio que ir a ciertas horas si las mujeres como yo queremos salir de la monotonía de nuestras vidas acomodadas y rígidas. Hay mucha chusma. De todo tipo, pero chusma al fin y al cabo. En fin, es lo que hay. En la barra, un tipo con unas gafas de baratijo, una horterada de camisa de mercadillo y unas patillas horribles y anti estéticas que si las viera mi estilista a domicilio se cortaría las venas por triplicado, discute con el proletario del otro lado de la barra. El hortera va tan beodo que el sudoroso obrero de la noche se niega a servirle más copas. El borracho rompe un vaso esportillado, viejo y cutre contra el asqueroso mostrador, por lo que, en buena hora, es expulsado del local por los gorilillas del mismo.

Al día siguiente, temprano, cuando espero espantada el metro en Callao para volver a mis haciendas ―porque el chófer de mi limusina se ha hecho sindicalista y se ha cogido vacaciones el muy desagradecido, que ya veremos si no lo despido y me busco a uno extranjero y sin papeles―, veo al hortera borracho de anoche durmiendo la mona en un pringoso banco del andén. ¡Da asco verlo! ¡Por favor! ¡Es todo tan cutre! En el suelo sus zapatos de algo parecido al plástico y en sus pies unos calcetines viejos y agujereados por los que asoman, qué horror, sus peludos y sucios dedos gordos. ¡Es horrible, no sé si podré superarlo algún día! ¿Cómo puede permitir el gobierno qué exista gente así? Aunque no me extraña, desde que estamos en democracia vamos de mal en peor. No sé cómo el rey no da un puñetazo sobre la mesa. En fin, nunca me gustaron los Borbones. Pero volviendo al tema del hortera, tampoco me extraña que los demás piltrafillas que usan el transporte público por costumbre procuren mantenerse alejados del tipo y murmuren despectivamente sobre él. A lo mejor aún tiene salvación esta sociedad. En cuanto llegue a mi mansión le encargaré a Ambrosio un estudio al respecto.

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

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