Sergio Reyes Puerta

La cucaracha

Entro en el lavabo de un bar de copas, por el desagüe, pasada la medianoche. Salgo del aseo y observo que hay muchos humanos de todo tipo. Algunos bailan, tendré que volar hasta un lugar seguro donde no puedan pisotearme. Aterrizo en la barra, donde un hombre asqueroso —no soporto a los humanos, que seres tan repelentes y desagradables en general, pero este en particular, aún más—, discute con el camarero. Este, dado el estado de embriaguez de aquel, se niega a servirle más bebidas alcohólicas y entonces el borracho cruza su mirada con la mía, abre los ojos sorprendido y lanza su vaso contra la parte del mostrador en que me hallo. A duras penas logro esquivar su ataque y los cristales rotos que vuelan desperdigados a mi alrededor, aunque encuentro refugio en el bolsillo de su florida camisa. De repente llegan los controladores de acceso del local y nos expulsan del mismo. El golpe que me llevo cuando el humano cae en la acera me deja inconsciente en mi escondite.

Al día siguiente, temprano, me despierto y salgo del bolsillo en que me hospedo. Descubro que estoy en la estación de metro de Callao, la cual se encuentra repleta de asquerosos humanos. El borracho cuya ropa me sirvió de escondite duerme en un banco del andén. En el suelo sus zapatos y en sus pies unos calcetines agujereados por los que asoman ambos dedos gordos. Decido esconderme en su calzado procurando no ser vista, mientras que las personas que nos rodean procuran mantenerse alejadas del tipo y murmuran sobre él en ese extraño lenguaje que nunca llegaré a entender.

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

Resto de ejercicios pinchando aquí.

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