Sergio Reyes Puerta

Pintora artística

Pasada la medianoche me deslizo en un bar de copas como una gota de pintura acrílica muy diluida. Hay mucha gente de todo tipo a la que podría retratar encantada y de unas simples y rápidas pinceladas. El cuadro que se me presenta en la barra es muy kitsch, pues hay un tipo con gafas de pasta, camisa de flores y patillas algo difusas que discute con el camarero, este de corte más bien impresionista, a lo Munch, sólo le falta gritar de lo contenido que se le ve. El represor de gritos, dado el estado de embriaguez del otro, que pareciera que se hubiera esnifado tres botes de pintura, los de los colores básicos, claro está, se niega a servirle más bebidas alcohólicas y el borracho rompe un vaso contra el mostrador, manchándolo todo de sangre. ¡Qué salpicaduras tan bien esparcidas! ¡Es increíble! Una esforzándose en rociar los cuadros con naturalidad para mancharlos, usando hasta cepillos de dientes, y el aficionado este si se descuida hace una obra de arte aquí mismo. Los controladores de acceso del local, insensibles a tanta calidad creativa, lo echan a la calle como haría el pintor que, desesperado por no lograr la mezcla de color adecuada, lanza con rabia la paleta contra el suelo.

Al día siguiente, temprano, cuando caballete en ristre me dispongo a pintar una bucólica escena costumbrista en la estación de metro de Callao, veo al mismo artista borracho de anoche durmiendo en un banco del andén tal cual lo hacía el patriarca Jacob en el realista óleo de José Ribera. En el suelo sus deslustrados zapatos y en sus pies unos calcetines descoloridos y agujereados por los que asoman ambos dedos gordos. Los demás, casi como si los hubiera pintado Goya en este Madrid actual, procuran mantenerse alejados del tipo que, sin saberlo, hace de gallinita ciega, y murmuran sobre él.

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

Resto de ejercicios pinchando aquí.

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