Sergio Reyes Puerta

Agresivo

Penetro a lo bestia en un jodido bar de copas pasada la puta medianoche. Hay mucha gentuza mediocre y mezquina de todo tipo, asquerosos y repugnantes todos. En la barra, un gilipollas con unas horribles gafas de pasta, una horterísima camisa de flores y unas patillas tan mal hechas que lo convierten en el hombre más feo que jamás haya visto, discute con el estúpido y cobardica camarero. Este, dada la tremenda y vergonzosa melopea del imbécil subnormal, se niega estúpidamente a servirle más cubatas de mierda y, justo cuando ya estaba yo apretando los puños y dispuesto a liarme a hostias con  Dios, el cabronazo alcohólico de los huevos rompe un vaso de baratija contra el sucio y repulsivo mostrador, por lo que es expulsado del local —se merece mayor castigo por hijo de…— por los gorilillas de tres al cuarto que el dueño de este mugriento e inmundo antro mantiene en nómina por tocarse la polla la mayor parte del tiempo.

Al día siguiente, jodidamente temprano, cuando espero el puñetero metro de los cojones en Callao para ir a dejarme los huevos como un cabrón en un puto puesto de mierda, veo al mismo imbécil de anoche durmiendo la mona como un vulgar vagabundo en un repugnante banco del inmundo andén. En el asqueroso suelo sus mierderos zapatos y en sus desagradables pinreles unos birriosos calcetines tan agujereados como un apestoso queso y por los que asoman ambos dedos gordos. Los demás, todos cobardes de profesión, procuran mantenerse alejados del tipo y murmuran sobre él como nenazas, mientras yo me arremango como si fuera a saltar en cualquier momento sobre él a darle una merecida somanta de palos, aunque lo más seguro es que, como siempre, se me vaya la fuerza por la boca y no me atreva a materializar el ataque porque como dice mi propia madre, al final soy un mierdecilla.

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

Resto de ejercicios pinchando aquí.

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