Un gorila

Primero  que nada quisiera manifestar mi desacuerdo con la foto que ha elegido el autor de estos ejercicios de estilo para ilustrar el presente relato. Me llaman gorila porque trabajo de portero en un bar, sí, pero no soy literalmente un gorila con pelo y todo eso, coño. Como se le ocurra al Sergio Reyes ese venir al discopub del Paco le vamos a dar una tunda mi colega y yo que no va a olvidar en su vida. Bueno, el caso es que ya de madrugada, cuando la movida estaba más a tope, mi compañero Alfredo y yo escuchamos gritos y bullicio por encima del sonido de la música y miramos a la barra. Allí, un tío patilludo con la mano llena de cristales y sangrando amenaza al Paco. Nos miramos y no necesitamos hablar, sabemos qué tenemos que hacer, es nuestro trabajo. Cogemos al gafitas por el cuello de la camisa de chuloputas que lleva y lo arrastramos hasta la puta calle. ¡Que aprenda a respetar, hombre! ¡Que eso es lo que falta en este país! ¡Más respeto!

Después de cerrar el bar, voy a coger el metro en Callao para ir a otro curro de vigilante, y veo al puto borracho de mierda durmiendo en un banco del andén. Ha tirado al suelo sus zapatos y lleva los calcetines agujereados mostrando chicha dedal. Le digo a los demás, que no cesan de murmurar, que no se preocupen, que lo tengo calao y que no va a causar problemas mientras yo esté ahí, pero aún así se mantienen apartados a prudente distancia. Supongo que hacen bien.

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

Resto de ejercicios pinchando aquí.

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