Los novios de la tía Almudena.

La Estrella de 8 Puntas

No fue inmediatamente cuando Alejandra comenzó a echar de menos la presencia de su tía, los días compartidos con ella, su misterio, el olor a ámbar y pachuli que solía flotar en su cuarto, ese donde pasó la tía Almudena los últimos años de su vida, con los ojos sable reflejándose en el cristal de la ventana a través de la que no se cansaba de mirar el paso de las estaciones, mientras que en su viejo radio casete sonaba una música grabada en cintas igual de viejas.

No, esa nostalgia le sobrevendría de manera inesperada al cabo de los años, cuando Alejandra ya había dejado de ser una muchacha y comenzaba a adentrarse en la cómoda zona “mujer adulta joven”, en la que unos ya se dirigían a ella como señora y otros la tuteaban, dependiendo de los límites y códigos de cortesía de cada cual. Cuando comenzó…

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