Sergio Reyes Puerta

Confinado/a

Si el decreto de alarma no me obligase a estar en mi casa, entraría pasada la medianoche al bar de Paco que, por cierto, debería estar cerrado por orden del gobierno. Porque si siguiera abierto y no hubiera confinamiento, estaría lleno de gentucilla, como siempre. Seguro que, para variar, en la barra habría algún borrachuzo rarito, quizás alguien con camisa hortera, gafapasta y mal peinado, insistiendo en beber más y más, a lo que Paco se negaría hasta cabrearlo, ponerlo violento y tener que expulsarlo los vigilantes, Mauricio y Alfredo. Pero como estamos así, me he tenido que montar una réplica en mi casa y repartir los papeles de figurantes, camarero y beodo entre mis familiares y aquí estamos, esperando que sea la hora para representar la escena. Mi cónyuge hará de Paco y mi adolescente le estará pidiendo otra copa, así la pelea saldrá más  natural. El resto de mi prole y familiares (desde hace años, con lo de la crisis, vivimos todos juntos, mis suegros, mis padres y hasta mis cuñados/as y sobrinos/as) harán de público algunos y de seguratas los otros. Lo grabaremos con el móvil y lo subiremos al YouTube, WhatsApp y demás redes con el hashtag #yomequedoencasa y #quedateencasa. Así, sin complejos.

Y mañana temprano, procedente del bar, tendría que meterme en la estación de Callao para esperar mi metro al trabajo, pero como lo mío no es esencial para la sociedad… Vender droga sí lo es; ojalá hubiera trabajado en un estanco, no me harían ningún ERTE como me ha hecho mi jefe, y ojo, que lo entiendo al tío, que con el estado de alarma no se venderá ni un churro, pero no veas cómo jode, que ni he podido ir a pedir el paro, lo he tenido que hacer todo por Internet y no me fío yo mucho de esas cosas. Para subir vídeos, audios y memes sí, pero para cosas serias, ya es otro tema. En fin, que en Callao estaría el andén a tope a esas horas y puede que hasta estuviera el borracho de turno durmiendo en su banco, como otras veces, con sus zapatos en el suelo y llevando en sus pies los mismos calcetines de siempre, agujereados y por los que asoman ambos dedos gordos. Y claro, los demás procurarían mantenerse alejados del tipo y murmurarían sobre él. En fin, va a ser más difícil hacer el vídeo de la estación, sobre todo por el decorado, que el bar de Paco es fácil de imitar en casa, pero el andén de Callao ya es otro nivel. Pero lo que sí tengo claro es quién va a hacer de trompa, sobre todo por la cochinada de los dedos gordos y apestosos de los pies: mi suegri. Le va al pelo. Ya lo veréis en las redes con su hashtag y todo. Hala, hasta otro rato.

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

Resto de ejercicios pinchando aquí.

2 comentarios en «Confinado/a»

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