Comedia

Entro en un bar de copas pasada la medianoche, me tropiezo en el escalón de entrada y casi me caigo. Hay mucha y variada gente con la que tropiezo en mi traspiés: pícaros, enamorados, charlatanes y viudas alegres, entre otros. En la barra hay un alcohólico nada anónimo luciendo gafas de pasta, camisa de flores y unas horrendas patillas. El mamado discute con el camarero a viva voz. Este, dado el estado de embriaguez de aquel, se niega a servirle más bebidas espirituosas y el borracho, dando grandes muestras de enfado, en su torpeza intenta romper un vaso contra el mostrador, sin conseguirlo. En ese momento entra al bar su esposa con el amante y, tras esconder al susodicho novio entre la multitud, se acerca al beodo y le pega con el bolso en la cabeza repetidas veces. Todos se ríen de ellos señalándolos con el dedo. Al final ambos son expulsados del local por los controladores de acceso del mismo que, una vez cumplida su tarea, se miran incrédulos y se encogen de hombros con gesto resignado.

Al día siguiente, temprano, cuando espero el metro en Callao para ir a trabajar, veo al mismo tipo roncando a pierna suelta en un banco del andén. En el suelo sus zapatos y en sus pies unos calcetines agujereados por los que asoman ambos dedos gordos. Un vulgar ladronzuelo hace pinza con sus dedos —los suyos de la mano, no los de los pies del borrachuzo, entiéndanme— en la nariz mientras intenta acercarse para desvalijarle los bolsillos, pero ni aún así es capaz de aproximarse al beodo. Los demás, haciéndose aire con las manos frente a las correspondientes pituitarias, procuran mantenerse alejados del tipo y murmuran sobre él hasta que vuelve a aparecer su esposa de entre la multitud, donde ha dejado oculto —otra vez— al amante. La parienta lo despierta a bolsazos —sí, otra vez, es mujer de costumbres esta señora—, haciéndole abandonar la estación en procaz persecución con lanzamiento de zapatos incluido y seguidos, de no muy lejos, por el olvidado novio de la indignada consorte. Por la megafonía sonaba, entretanto, la famosa melodía de cierto programa de televisión de un tal Benny Hill.

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

Resto de ejercicios pinchando aquí.

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