Aires murcianos – Vicente Medina (edición facsímil de Jesús Jareño)

Aires murcianos

Vicente Medina

RESEÑA

Cayó hace poco en mis manos esta joya literaria con la que he disfrutado como hacía tiempo que no gozaba y de la que enseguida os hablaré. Pero antes quiero aclarar que, aunque escribo esta reseña en abril, la voy a programar para que se publique a finales de septiembre. Como uno procura no dar puntá sin hilo (aunque, por mi forma de ser, casi siempre falle en estos remiendos) os explico los motivos poderosos que me impulsan a hacerlo así, aún cuando en mi fuero interno desearía publicarlo ahora mismo. La principal razón es que, a fecha de hoy, tengo noticias fiables de que en la Feria del libro de Murcia de 2019, prevista para principios de octubre (cuando este artículo se publique será la próxima semana), se está programando (aún sin fecha exacta al escribir estas líneas), una interesante conferencia que impartirá el responsable de la edición facsímil que os voy a reseñar en esta entrada: Jesús Jareño López. Probablemente, este señor sea, a día de hoy, el mayor entendido en la obra de Vicente Medina y , por cierto, fue gran y vehemente profesor de uno de los ilustres miembros del grupo literario “Las cenas del Picoesquina”: Enrique Garcés. Por otro lado, aunque se trate de una obra publicada hace más de cien años, conserva su actualidad por las temáticas que trata. Me atrevería a decir, incluso, que pudiera ser profético, si es que las tendencias sociológicas actuales continúan en la misma línea que ahora mismo proyectan.

“Y es morir, sin morir, esta angustia,
pa que sea mayor el tormento…
¡es arrebanarme, cachico a cachico,
mi alma y mi cuerpo!”

Y con todo eso quiero invitaros, lectores de esta reseña, a que visitéis la Feria del libro de Murcia 2019 y, también, la conferencia sobre Medina de don Jesús (el viernes por la mañana, a las 12:00 horas, en el Salón de grados de la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia). En dicho acto imagino que también podréis conseguir ejemplares de esta edición que, por cierto, está numerada (yo pienso jugar para Navidad el número concreto de mi ejemplar; y yo de vosotros me pillaba uno y hacía lo mismo, que la suerte nunca se sabe por dónde puede salir. Avisados quedáis).

”                                        Ayer me seguía,
sin darme sosiego,
un abejorrico
mu negro ¡mu negro!…
y esta mañanica
trempanico ha güelto,
como si estuviera
pa verme al acecho,
y otra ves, sin parar, m’ha seguío
arriba en la casa y abajo en el güerto…”

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Vicente Medina, nació en Archena (Murcia), vivió en Cartagena y emigró a Argentina. Allá moriría, concretamente en Rosario, sí, Rosario, la tierra de un tal Leo Messi (no soy especialmente futbolero, ni mucho menos seguidor del equipo en que milita el referido jugador del Barça; si lo nombro es con la esperanza de que la espinita de la literatura pueda llegar y clavarse también en aquel porcentaje de los aficionados al deporte rey que aún no tienen por sana costumbre y afición la lectura). Don Vicente, volviendo a lo que nos ocupa, escribió en tierras murcianas esta joya literaria compuesta por quince poemas y publicada en 1898, casi como una especie de preludio de la generación del 98. Aquí os dejo, como he venido haciendo hasta ahora, un breve fragmento de uno de los poemas que componen este poemario:

“Yo he puesto en crus sus manos,
y he compuesto los rizos de su frente
apañando el pelico que tenía
pegaïco a las sienes…
y he llenao su cuerpo d’azadares
y rosas y claveles…
Yo he besao su cara
abora que nenguno la apetece,
y he cerrao, llorando,
sus ojicos pa siempre…”.

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Sí, habréis observado que los poemas no están escritos en castellano normal. Y es que, Vicente Medina, gran defensor del dialecto murciano, molesto por las exageraciones que en festividades regionales se perpetraban contra dicha habla, decidió escribir en ese lenguaje particular del sureste español, el panocho, para engrandecerlo. Y vaya si lo consiguió (engrandecerlo, digo) que a nivel nacional fue reconocido y alabado este poemario como una de las grandes obras de la época. También fue, quizás, la mejor del propio autor archenero. Os dejo, a continuación, otro fragmento de otra poesía:

“Y creció la nena,
que era de lo hermoso que en el mundo había…
¡igual c’un dibujo,
de tan rebonica!…
A la probe Juana
privá la tenía…
La zagala corre,
la zagala blinca,
la zagala canta,
la zagala chilla…
¡c’aciones de vieja!,
¡qué zalamerías!
¿Pos y las palabras?
¡Ay, lo que sabía!…”.

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“Aires murcianos” es una obra emotiva, costumbrista, que refleja las penurias y amores de aquellos años decimonónicos en el sureste español. Un poemario que retrata la vida de carencias de la gente probe, que nos muestra la cara más descarnada de la muerte, que nos emociona y nos hace llorar. Juro que leí esta obra en voz alta, declamando, a los oídos de la tocaya de la esposa de Vicente Medina y que ambos acabamos soltando, en varios pasajes, la lagrimilla. Conmovedores versos, pues, que nos sensibilizan sobre la realidad a la que se enfrentaban, día a día, los más humildes huertanos de la vega del Segura. Y, además, escritos con desparpajo, buen ritmo y cadencia, se leen por sí solos, sin dificultad, como si el autor nos cogiera de la mano al abrir el libro y nos llevara, sin prisa ni arrebato, pero con seguridad y certeza, por todo el poemario, dandónoslo sorbo a sorbo, como si de una bebida refrescante en el desierto se tratara. Acaban los versos, de ese modo, siendo algo así como una zagala cortá, con la cabeza gacha y colorá, que te conquista y seduce desde su sencillez y perfección literaria. ¡Anda!, más o menos como explica esta estrofica del librico:

”                          La zagala estaba
töa encortaïca,
sin arzar los ojos,
la cara encendía,
trenzando los flecos de su pañuelico
con las manecicas.”.

Pero no es sólo lo dicho anteriormente. “Aires murcianos” es una obra de arte, que se lee con deleite y asombro, asombro por lo bien trenzado de los flecos de cada versico (sigo con la cita de la zagala cortá), porque realmente parece que cada palabra fuese la que tenía que ser, que cada hueco estuviera lleno por la magia de la poesía de un modo que no es fácil de encontrar. Me quedo con ganas de citar algún fragmento más de esta poesía, pues este libro, de cuya existencia noticia tenía, pero que no había leído hasta ahora, se me ha hecho muy corto. Tanto, que lo acabo de terminar y ya lo echo de menos. Así que me atreveré a seguir la senda que marcó este gran autor murciano e improvisaré unos humildes versos para terminar, no con ánimo de imitarlo, pues me resultaría imposible (estoy muy lejos de alcanzar su nivel) sino de homenajear su buena pluma pa la poesía y pal panocho:

Y no quisiera este zagalico
emitar ni copiar al Medina,
pos anque escribí sobre la madina
de Mursiyya muy abonico
(pos poco s’oye la palabra
del que apenas se conoce)
no os perdáis el gran goce
de que Vicente el alma os abra.
Que aunque hoy paece olvidao
el gran poeta de Archena,
lean ande la cieca la pena
que los probes han pasao
y que don Vicente Medina,
con sus piazo rimas ha d’ir
ligerico en nosotros a revivir
nuestra historia menos divina.

Y asina despido d’una ves
esta, la humilde reseña
en la que el Sergio s’empeña
en hacer que al próximo mes
acudáis a la gran conferencia
que impartirá el señor Jareño
poniéndole todo su empeño.
Con su característica vehemencia
Jesús nos dará lus en la Feria
del libro de Murcia d’este año
a lo que escribiera antaño
sobre nuestra huerta y la miseria
don Vicente Medina, el murciano,
que emigró pronto a la Argentina,
anque nunca olvidó el Picoesquina
donde vivió y pudo crecer sano.

Hasta la próxima.

Ficha técnica:

Editorial: Edición facsímil del original de Biblioteca Mignon, a cargo de Jesús Jareño López.

ISBN: 978-84-616-7540-1

Edición: Edición literaria, transcripción del texto original de los quince poemas y notas al cuidado de Jesús Jareño López, acompañado de imágenes facsimil. Se trata de una tirada numerada de 1.000 ejemplares.

Formato: Papel

Género: Poesía. Costumbrista.

Traducción: No procede, aunque incluye notas aclaratorias de Jesús Jareño, indicando el significado de diversas expresiones y palabras del dialecto murciano conocido como panocho, y otras curiosidades sobre la figura y obra de Vicente Medina.

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