Sergio Reyes Puerta

Escritor/a

El dichoso bloqueo del escritor acaba conduciéndome a un bar de copas pasada la medianoche para hablar de mi libro. Hay mucha gente de todo tipo, lo que, sin duda, me servirá de inspiración o, al menos, para pegarle la hebra a algún/a incauto/a. Con lo que gano escribiendo no me puedo pedir ni una mala copa, así que me dedico a observar hasta que veo, en la barra, a un tipo raro. ¡Ahí puede haber una buena historia! Lleva gafas de pasta, camisa de flores y patillas algo difusas y, encima, discute con el camarero. Este, dado el estado de embriaguez de aquel, se niega a servirle más bebidas alcohólicas y el borracho rompe un vaso contra el mostrador, por lo que es expulsado del local por los controladores de acceso del mismo. ¡Ya tengo un hilo del que tirar para mi próxima novela!

Al día siguiente, temprano, cuando espero el metro en Callao para ir a trabajar (porque, aunque la mayoría ni lo imagináis, mis royalties (y los del noventa y nueve por ciento de los escritores) no dan ni para pipas y no me queda más remedio que malgastar mi talento en un trabajo de verdad que, por cierto, me resta, tristemente, horas y horas de creatividad), veo al mismo tipo durmiendo en un banco del andén. En el suelo sus zapatos y en sus pies unos calcetines agujereados por los que asoman ambos dedos gordos. ¡Eso sí que es un personaje! ¡Menudo novelón se me está ocurriendo! Y mientras tanto, los demás, simples e inútiles mortales, incapaces de ver el potencial literario de la situación, procuran mantenerse alejados del tipo y murmuran sobre él.

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

Resto de ejercicios pinchando aquí.

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