Sergio Reyes Puerta

El sintecho

Pudo suceder la semana del 9 al 15 de marzo de 2020

Vagabundeando y sediento me cuelo en un bar de copas pasada la medianoche. Hay mucha gente de todo tipo, seguro que consigo alguna limosna o encuentro algún vaso abandonado con el que saciar mi sed. Me fijo en la barra, donde suelen acumularse jarras y botellines casi vacíos. Hay allí un tipo con gafas de pasta, camisa de flores y patillas algo difusas, que discute con el camarero. Este, dado el estado de embriaguez de aquel, se niega a servirle más bebidas alcohólicas y el borracho rompe un vaso contra el mostrador, por lo que es expulsado del local por los controladores de acceso del mismo.  Estos gorilillas, al pasar junto a mí, me echan una mirada tan torcida que, aún seco, decido abandonar la taberna antes de que sean ellos quienes me saquen por la fuerza.

Al día siguiente, temprano y con mi sed aún a rastras, me meto a la estación del metro en Callao para tratar de dormir un rato. ¡Maldita sea, me han quitado el sitio! Es el mismo tipo del bar de anoche, el borracho expulsado, que está durmiendo en un banco del andén: el que yo venía a usar. En el suelo sus zapatos y en sus pies unos calcetines agujereados por los que asoman ambos dedos gordos. ¡Ah, qué suerte tiene ese cabrón, sus calcetines están mucho mejor conservados que los míos! ¡Aún les queda tela! Los demás, como si se tratase de mí mismo, procuran mantenerse alejados del tipo, murmuran sobre él y, para colmo, se quejan porque se rumorea que hay una pandemia por la que va a declararse un estado de alarma según el cual no podrán salir de sus casas durante meses. ¡Ah, ingratos! ¡Quejarse por quedarse en casa! ¡Ojalá tuviera yo un hogar donde pasar meses sin pisar la puta calle! Después de tanto tiempo por ahí tirado, durmiendo al raso y sin poder siquiera ducharme; pasando frío o calor, según la época; amenazado por gamberros y con hambre y sed y mil penurias más, iba yo a lamentarme por encerrarme con mi sofá, mi tele y los aparatitos electrónicos que tendrán todos estos capullos… Y, encima, para salvar la vida propia y ajenas. ¡Desagradecidos!

Relato perteneciente a mi proyecto: Ejercicios de estilo.

Resto de ejercicios pinchando aquí.

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